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domingo, 8 de febrero de 2009

A un examen del alcohol

He decidido retomar esta página que bien se podría llamar blog, y que últimamente estaba muy abandonada... La razón es el aburrimiento, muchas veces he comenzado a escribir aquí y me he cansado, jaja. Pero bueno, voy a escribir algo para poder decirle por lo menos a Laura "estrecha" que ya "he escrito algo desde el verano".

El motivo de esta entrada no es otro que mi alegría-tristeza que producen los exámenes. Alegría porque ya solo me queda uno, el de literatura medieval (sí, el cid, el buen amor, jarchas, villancicos y demás) Y aparte ya tengo tres de los cuatro exámenes que he hecho aprobados, espero que el cuarto también.
Y tristeza porque no dejan de ser exámenes... Lo que conlleva a tomar café, té, redbull, cocacola y demás; a dormir dos horas al día y a no tener otra misión más que la de estudiar estudiar y estudiar. No hacemos otra cosa prácticamente.
Tengo ganas de acabar el viernes, emborracharme y volverme loco (más loco, sí).
Me jode por los proyectos de médicos, porque acaban más tarde, pero bueno, también celebraremos que ellos acaben a finales de febrero. Por celebrar, que no quede. ¿O no?
Los proyectos de filólogos, historiadores, historiadores del arte, abogados, y demás, acabamos esta semana, ya sea el lunes, el martes, miércoles, jueves, o viernes. Espero que el jueves no haya celebraciones con un nivel alto de contaminación acústica, porque yo estaré estudiando y me cagaré en todos... Jajaja.
Ale, pues espero que vayan todos los exámenes bien a todo el mundo que lea esto, que os podéis contar con los dedos de las manos: uno.
¡Un abrazo!.

lunes, 28 de julio de 2008

El secuestro de Carmen. (Parte Nº2)

El pequeño Juan caminaba hacia casa con ánimo de encontrar allí a su hermana, pero no fue así. "Mamá, mamá, Carmen se ha escondido y no quiere salir del bosque. Estoy harto ya no la quiero porque siempre hace lo mismo" dijo Juan. "Vamos cariño, ya sabes que te quiere como su hermano que eres y solo trata de jugar contigo, tu también le harás lo mismo a tu nuevo hermanito; estoy segura que ocurrirá lo mismo dentro de unos años, ya verás". Sofía, la madre de Carmen y Juan acababa de dar a luz a su tercer hijo, el segundo con su actual marido. El tercer niño contaba con apenas seis meses.


Pasaron varias horas y los amigos de Carmen empezaban a llegar a la fiesta. Pero Carmen tardaba. Su madre, que había invitado a la familia para el siguiente día había dejado invitar a unos cuantos amigos del colegio de Carmen para ese mismo día. Sofía, atareada con el bebé y la fiesta, no se había percatado de que su hija mayor todavía no estaba en casa. Al llegar Marta, la mejor amiga de Carmen, y preguntar por la niña, Sofía se dio cuenta de que ni estaba en su habitación, ni en la sala ni en el jardín. Entonces recordó lo que le dijo Juan, que se había escondido en el bosque para asustarlo. Llamó a su marido, Juan, y le dijo que fuera con el niño a buscar a Carmen, pues no había llegado. Ella se ocuparía de los invitados y la casa. Juan, su marido, era un hombre serio, pero cariñoso y divertido con ella. No lo era tanto con sus hijos, pues representaba un padre duro, serio y respetuoso. Con Carmen apenas trataba, pues era hija de la anterior pareja de Sofía y eso no le sentaba muy bien, pero tampoco jugaba ni hablaba apenas con Juan, hijo de su sangre. Como Juan trabajaba muchas horas seguidas su familia no lo molestaba en sus horas libres, ya estaban acostumbrados.
Una hora después Juan padre y Juan hijo regresaron del bosque por el mismo sendero que Carmen y su hemanito habían atravesado. Volvieron con un coletero y un zapato de la niña, aparentemente Juan estaba destrozado, su hijo no entendía lo que pasaba.

Rápidamente llamaron a la policía para rastrear el bosque en busca de la niña. Por supuesto los invitados tuvieron que abandonar la casa y postponer la fiesta, realmente no sabían qué pasaba con Carmen, pero decidieron no molestar preguntando demasiado a la desesperada familia. La policía estuvo buscando a Carmen por el bosque tres días sin cesar, en los cuales Sofía había llorado horas y horas en los brazos de su marido Juan desesperadamente. No sabían qué hacer, el pequeño Juan no comprendía lo que ocurría, el bebé lloraba más de lo normal al percatarse del estado de ánimo de su madre, y Juan y Sofía ya no sabían qué hacer. Sofía se agarraba al lazo y al zapato de su pequeña como si al protegerlos cuidara de su niña...

ONLY IF I - Kate Ryan

JE T'ADORE - Kate Ryan

ALIVE - Kate Ryan